A inteligencia sustentável das cidades do futuro

Publicado el 01-03-2010 , por V. Moreno

En 2050, el 70% de la población mundial será urbana. Una jornada organizada por IBM concluye que las administraciones deben apostar por un cambio en las ciudades, para que sean más inteligentes y con mayor relación entre ciudadanos y dirigentes.

La superpoblación del planeta es una realidad. Cada semana, cerca de un millón de personas se traslada desde las zonas rurales para residir en las grandes ciudades. Este dato ha hecho que, actualmente, más del 50% de la población mundial sea urbana y Naciones Unidas calcula que en 2050 este porcentaje alcanzará el 70%.

Por todas estas razones, es necesario pensar en las ciudades del futuro, convertirlas en lugar vivos e intercomunicados, en resumen, reinventar las urbes actuales y hacer de ellas ciudades inteligentes.
Para debatir los desafíos a los que se deberá enfrentar el mundo en los próximos 40 años, líderes de empresas e instituciones se reunieron el pasado viernes en Madrid en la jornada Smarter cities: desafíos urbanos, soluciones sostenibles, organizada por IBM. “Hace cien años, sólo 16 ciudades superaban el millón de habitantes, ahora este número se ha multiplicado por 20. Pero el mundo está mucho mejor comunicado y existe una mayor capacidad de análisis que permite adelantarnos al futuro y mejorar nuestras ciudades”, explicó el presidente de IBM para España, Portugal, Grecia e Israel, Juan Antonio Zufiria, al principio del coloquio.
A este respecto, Francisco Mangado, destacado arquitecto español y profesor de la Universidad de Yale y de Navarra, destacó que, actualmente, las ciudades “están mal organizadas. En ocasiones, estos errores se deben a los arquitectos, que no aplican el sentido común. Existen otros casos, numerosos, en los que las urbes no se han planificado para mejorar la vida del ciudadano, sino desde la especulación y la política, lo que representa un grave problema”. Mangado explicó a EXPANSIÓN que más que tratar de construir “ciudades inteligentes, habría que hablar de buenas ciudades, ya que el término inteligencia se asocia mucho a los avances tecnológicos. Éstos significan un progreso indudable y son muy útiles, pero no hay que olvidar que las ciudades son una realidad física, humana, social y política».

Importancia de la política

Para el arquitecto español, la tecnología puede ayudar a cambiar ciertas deficiencias, pero no pueden reparar absolutamente todo. “Las decisiones más importantes, las que cambiarán el destino y el futuro de las ciudades siempre serán políticas.

Estas resoluciones tendrán que ver con el territorio, con la relación con el paisaje, con la proporción entre el espacio construido, las zonas verdes y los lugares públicos, con la variación de los flujos de circulación, con el apoyo a sistemas alternativos –como los transportes públicos o la bicicleta–, y con que las urbes sean más igualitarias, tanto física como económicamente”.
Y es que, como explica Mangado, el problema de “las fabelas de Caracas, por ejemplo, no se puede resolver con inteligencia artificial. Este tipo de problema se resuelve con inteligencia social y económica”.
A pesar de lanzar estas críticas, el mensaje del profesor de la Universidad de Yale y de Navarra está marcado por el optimismo y, como aseguró a este periódico, “si bien el desarrollo de las infraestructuras urbanas es clave, lo cierto es que no existe un modelo único, sino que éste depende del nivel de madurez de cada sociedad. Las ciudades occidentales son más fáciles de arreglar, porque no tienen grandes errores estructurales. Existen problemas coyunturales y soluciones que se pueden tomar. Sin embargo, el discurso cambia si hablamos de las ciudades de países en vías de desarrollo y ahí es donde reside el mayor problema, ya que son éstas las que más ciudadanos nuevos tendrán que acoger en los próximos años y las que deberán estar más preparadas”.
Otro de los aspectos abordados durante la jornada Smarter cities: desafíos urbanos, soluciones sostenibles organizada por IBM fue la importancia de la interacción entre los ciudadanos y las administraciones públicas. De hecho, Joan Batlle, director de Innovación y Proyectos Internacionales del Ayuntamiento de Barcelona, explicó que actualmente es esencial contar con una buena gestión urbana inteligente y subrayó que, según su experiencia, “el rol del ciudadano ha cambiado radicalmente y ahora éste se ha convertido en un gestor del cambio y en un factor clave de la transformación de las ciudades”.
Larsv-Olov Lissel, director de una de las áreas de gestión de la Agencia de Transporte sueca, coincidió en este último punto. Lissel expuso las ventajas del nuevo sistema de gestión del tráfico inteligente de Estocolmo y reconoció que “en este tipo de transformaciones del entorno urbano, es muy importante que el ciudadano se vea implicado”.
Por su parte, Federico Flórez, director general de Sistemas de Información de la compañía Ferrovial, añadió que “la clave ante el reto de la concentración demográfica que estamos viviendo actualmente es la mejora continua de los servicios, un ámbito en torno al que deben innovar los Ayuntamientos, para responder a las crecientes demandas de los habitantes”.

Metodología y nuevos sistemas

Con estos datos en la mano, lo que parece esencial es que cada ciudad necesita un proyecto claro para convertirse en una ciudad inteligente. Según el informe ¿Vive en una ciudad inteligente? Cómo ayudar a las ciudades a medir su evolución, elaborado por Susanne Dirks, directora del Centro para el Desarrollo Económico del IBM Institute for Business Value (IBV); Mary Keeling, consultora de dirección del IBV, y Jacob Denick, consultor de dirección del IBM Global Location Strategies, existen varios pasos fundamentales para que las ciudades planifiquen la mejora continua de sus sistemas y de la calidad de vida en general.

Las etapas esenciales, como destacan estos expertos, serían: “Desarrollar una estrategia a largo y corto plazo de la ciudad; dar prioridad a una selección de sistemas que tengan el máximo impacto e invertir en ellos; integrar los sistemas a fin de mejorar la experiencia de los ciudadanos y su eficacia; optimizar servicios y operaciones, y descubrir nuevas oportunidades de crecimiento y optimización”.
Aunque estas etapas puedan parecer básicas, el desarrollo de una estrategia urbana es el paso más complejo y, al mismo tiempo, el más importante, para convertirse en una ciudad inteligente. Ya que esta estrategia sirve para determinar dónde y cuándo invertir y reflejar hitos y retornos de inversión clave, permitiendo definir un calendario de integración y optimización para todos los sistemas.
Para beneficiarse de este tipo de estrategias, las autoridades deben comprender profundamente el funcionamiento de su ciudad y saber dónde se están realizando avances dotando de inteligencia a sus sistemas.
Este paso siempre exige un análisis sistemático de la posición de la ciudad en relación a otras localidades que permite identificar y ayudar a comunicar los puntos fuertes y débiles emergentes, además de resaltar en qué aspectos se están logrando progresos reales y proporcionar información para planificar futuras mejoras. Por esta última razón, un análisis siempre es útil para que las ciudades asignen prioridades a sus actuaciones.


Puntos fuertes

Para lograr cambios fundamentales, las administraciones han de analizar dónde invertir su dinero. Cada ciudad debe estudiar sus puntos fuertes y así poner en evidencia los débiles. Solamente así, los dirigentes podrán solucionar los problemas más urgentes de su localidad.

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